El Síndrome del Impostor que No Se Va

20 de septiembre de 2025

Scroll

O cómo descubrí que la confianza podría ser solo el síndrome con mejor disfraz

I. Creía que lo había superado

Durante años me sentí un fraude. Cada reunión era un campo minado. Cada decisión, una potencial exposición de mi incompetencia. Normal: era novato, no sabía lo que hacía, aprendía sobre la marcha.

Luego vino el aprendizaje. La experiencia. Los resultados tangibles. Un día me desperté y pensé: "Ya no soy un impostor. Sé lo que hago. Los números lo demuestran. El síndrome está superado."

Qué ingenuo.

II. La duda incómoda

Pero aquí está el problema: ahora que creo valer más, que creo ser competente, que creo haber superado el síndrome... ¿no es exactamente eso lo que creería alguien con delirios de grandeza?

¿Cómo distingo entre "soy bueno" y "creo que soy bueno"? ¿Entre confianza justificada y ego inflado? ¿Entre superación real y autoengaño sofisticado?

La respuesta corta: no puedo.

III. Las opciones imposibles

A) Tengo síndrome del impostor → Pero ser consciente de ello es señal de no tenerlo

B) No tengo síndrome del impostor → Pero creer eso podría ser el síndrome evolucionado

C) Da igual lo que tenga → Pero si da igual, ¿por qué no puedo dejar de pensarlo?

IV. La no-conclusión

He llegado a una conclusión que no es conclusión: el síndrome del impostor no se supera. Evoluciona.

Antes dudaba de mis capacidades técnicas. Ahora dudo de mi capacidad para evaluar mis capacidades técnicas. Es el mismo perro con diferente collar. La misma inseguridad, pero con mejor vocabulario.

¿La diferencia práctica? Ninguna y toda. Trabajo mejor, cobro lo mismo, y la duda cambió de forma pero no de intensidad.

V. La matriz de confusión personal

Hay cuatro posibilidades y ninguna forma de saber en cuál estoy:

Si realmente valgo y creo que valgo: ¿Es realismo o arrogancia?

Si realmente valgo pero creo que no valgo: Síndrome del impostor clásico.

Si realmente no valgo pero creo que valgo: Delirios de grandeza.

Si realmente no valgo y creo que no valgo: Dolorosa lucidez.

Mi posición actual: No tengo ni puta idea. Podría estar en cualquiera de los cuatro cuadrantes. Y lo peor es que pensar sobre ello no me acerca a la respuesta, solo me marea más.

VI. La verdad incómoda

Antes dudaba de mi valor siendo novato. Ahora dudo de mi confianza siendo experto.

Evolución cuestionable.

VII. Reflexión final que no es final

Este artículo empezó siendo sobre superar el síndrome del impostor.

Mientras lo escribía, me di cuenta de que quizás no lo he superado.

Pero darme cuenta de eso, ¿no es haberlo superado?

Pero si creo que lo superé por darme cuenta...

Joder.

Ya no sé nada.


El síndrome del impostor es como las matrioshkas rusas: cada vez que crees llegar al final, hay otra capa.